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Diversidad de aves en el Santuario Histórico de Machu Picchu (2005)
Barry Walker
 

El continente sudamericano alberga casi la tercera parte de todas las especies de aves encontradas en el planeta, así como una amplia variedad de familias de aves y especies endémicas. Perú es uno de los países sudamericanos con el número más grande de especies, gracias a la gran diversidad de hábitats encontrados aquí, registrándose más de 1,850 especies. Esta gran diversidad es reflejada en el Santuario Histórico de Machu Picchu, donde en un área de sóolo 32,590 hectáreas, a la fecha se han registrado 423 especies de aves y se espera que otras 40 o más existan a medida que continúa la investigación
.
Machu Picchu se ubica sobre la vertiente oriental de los Andes, donde húmedos montes y bosques de pre-montaña descienden hacia la Cuenca del Amazonas. El bosque amazónico de tierras bajas en la base de los Andes, posee el recuento más alto de especies de aves que pueden ser halladas en un lugar; sin embargo, los taludes de los Andes son más ricos en producción de especies sobre un área más extensa. A lo largo de una extensión de 200 kilómetros, pueden ser encontradas 1,000 especies de aves, desde los pajonales andinos bajando por las laderas orientales de los Andes, hasta las tierras bajas del Amazonas. Esta cifra está cercana a la misma cantidad de especies que pueden ser halladas a través de toda la cuenca del Amazonas.

A medida que uno asciende o desciende de los andes montañosos, el factor variable más importante que afecta la vida vegetal y consecuentemente la avifauna, es el cambio de temperatura, que es de alrededor 0.6 grados Celsius por 100 metros de cambio de altitud. Los sistemas de clima en el hemisferio sur se mueven de este a oeste, a través del bosque tropical del Amazonas, captando la humedad tal y como se presenta ésta en el ambiente. Al alcanzar los Andes, el aire húmedo se eleva y es enfriado y el terreno queda recubierto en nieblas y neblinas por gran parte de tiempo.

 

SH Machu Picchu
/Heinz Plenge/ PromPerú

Ésta es la razón por la que un término popular para las laderas orientales húmedas es bosque de nieblas. Incluso durante la distinta temporada seca de mayo a setiembre, el interior del bosque de nieblas por encima de los 2,000 metros permanece fresco y húmedo. Por encima de los 4,000 metros la situación es muy diferente, presentándose intensa radiación solar en el día y helada penetrante por la noche.

La estructura boscosa en la ladera oriental de los Andes cambia gradualmente desde las tierras bajas hasta los Andes. A 2,000 metros los árboles son de 20-30 metros de alto, tal como pueden ser vistos en el Valle de Mandor, cercano a Machu Picchu. Es una característica común observar troncos de árboles, frecuentemente rectos y blandos y cecropias, árboles pioneros de rápido crecimiento con hojas plateadas grandes. Por encima de esta altitud el bosque se hace más bajo e impenetrable, con troncos enmarañados, frecuentemente torcidos, con abundantes epífitas – musgo, liquen, helechos, orquídeas y bromelias. Incluso, por encima de los 3,800 metros, el bosque de neblina superior (también conocido como bosque enano) es más inaccesible y está vestido por líquenes y musgo con árboles de plumosas y densas hojas pequeñas. Estas brillosas hojas condensan la humedad en gotitas que forman la neblina característica en estas áreas y se convierten en una importante fuente de humedad durante la temporada seca de mayo a setiembre. Incluso a mayor altitud, sobre los 3,800 metros, los fragmentos y parcelas de bosque están formados principalmente de una clase de árbol conocido como Polylepis, caracterizado por pequeñas hojas brillosas y una corteza de capa roja delgada. Estas arboledas se encuentran bajo intensa presión debido al sobre pastoreo que ocasiona la falta de regeneración de bosque, además de las quemas y cortes de árboles para leña. Las aves encontradas en aquellos fragmentos de bosque no son muy notorias, pero son algunas de las especies más amenazadas en la Tierra y es importante que algunos de estos bosques se encuentren dentro del Santuario Histórico de Machu Picchu, teniendo en cuenta que muy pocas entidades de conservación en Sudamérica protegen este tipo de hábitat. Incluso más arriba, en las partes húmedas, el hábitat es conocido como páramo, el cual está formado por vegetación absorbente de pequeños arbustos, pasto alto y musgos. En áreas más secas esto es reemplazado por una cubierta uniforme de pasto apiñado conocido como puna. Por encima de los 4,400 metros, la vegetación se vuelve muy dispersa, principalmente formada por rosetas y plantas de almohadilla que pueden tolerar la intensa radiación solar, helada y nieve. Los glaciares empiezan desde los 5,000 metros, pero se puede observar que se están retirando notablemente.


Machu Picchu y las áreas cercanas son muy conocidas por la alta incidencia de endemismo de especies de aves, plantas y otros organismos. Una especie endémica es aquella que no existe en ninguna otra parte. Esto es debido probablemente a la topografía única del área. La mayor parte del talud andino se inclina más o menos directamente hacia las tierras bajas del Amazonas, pero en Machu Picchu el área entre los ríos Mapacho y Apurímac forma un gran abanico de cordilleras de montaña proyectantes que separa la Cordillera Vilcanota de la Cordillera Vilcabamba. En ambas cordilleras de montaña, los picos alcanzan entre los 5,700 a 6,000 metros. El análisis meteorológico satelital muestra que estas cordilleras de montaña proporcionan muy buena protección contra movimientos de viento frío del sur, conocidos como “friajes”, que son una característica del invierno sur entre mayo y setiembre. Estos vientos del sur, caracterizados por cortas temporadas frías con presencia de nieve y granizo en los taludes andinos, podrían haber sido los que influenciaran el desarrollo del cambio vegetativo en las eras glaciales. A través de los andes tropicales, la más alta concentración de aves endémicas se encontraría en las áreas de estabilidad geológica, sugiriendo que las especies endémicas representan a las poblaciones remanentes que pudieron sobrevivir durante los períodos de inestabilidad climática, circunscribiéndose solamente a los lugares que estaban protegidos contra extremas variaciones climáticas. En áreas como Machu Picchu, la supervivencia de estas especies remanentes jugó un papel importante en el desarrollo y evolución de la avifauna andina.

No es coincidencia que áreas con un alto recuento de aves endémicas y una gran diversidad, esten frecuentemente cercanas a áreas densamente pobladas y centros de antiguas culturas importantes como la de los Incas. Las condiciones ambientales especiales y los climas benignos que protegieron a estas especies de aves remanentes, podrían también haber facilitado el desarrollo de poblaciones humanas en los Andes. La predictibilidad de cosechas podría haber sido un importante requisito para la transición de comunidades cazadoras-recolectoras a la de cultivo sedentario y avances en tecnología agrícola. El patrón de asentamiento humano también es afectado por el desarrollo de suelo fértil para la agricultura en la zona de transición entre áreas húmedas y de sombra y lluvia, donde existe un equilibrio entre la lixiviación del suelo y la evaporación.

Machu Picchu se encuentra ubicada en la unión de la cuenca baja húmeda del Urubamba y el benigno valle de Vilcanota, que fue el centro y ‘fuente de alimentación’ de la cultura Inca. Tampoco es coincidencia que algunas de las aves andinas más raras habiten en los fragmentos de bosque que rodean las ruinas y andenes incas más aislados del área de Machu Picchu. Uno de los mayores desafíos para los biólogos de conservación será encontrar la respuesta de cómo preservar la biodiversidad en áreas cercanas a poblaciones rurales densas.

Gran parte de la zona del bosque de nieblas andino es empinado e inaccesible y, en consecuencia, no se encuentra bien poblado, salvo en los cinturones a lo largo de las principales redes de carretera.

 

SH Machu Picchu
/Heinz Plengue/ PromPerú

Frecuentemente el bosque es modificado por la naturaleza, con eventos tales como deslizamientos de tierras que, a su vez, dan origen a una vegetación de sucesión de arbustos y bambú. La alta pluviosidad y consecuente deslizamiento colaboran en el mantenimiento de un mosaico de microhábitats y diversidad biológica. El bosque de nieblas no es apto para la agricultura – es extremadamente húmedo, abrupto y fresco, y su capa superficial se escurre hacia ríos y afluyentes una vez que el suelo es expuesto a los elementos de la deforestación creada por el hombre. Los campos pueden ser cultivados normalmente sólo por unos cuantos años, antes de ser dejados inactivos por varios años con la intención de lograr su regeneración. La perturbación del hábitat natural a pequeña escala por una población rural baja no tiene efecto tan diferente al de los deslizamientos naturales, pero las nuevas carreteras facilitan la colonización y las áreas grandes pueden ser desforestadas y convertidas en campos con arbustos frondosos. Esta situación puede observarse debajo del Santuario de Machu Picchu, en el valle del Urubamba, pero afortunadamente no se ve su influencia en Machu Picchu. La perturbación del hábitat es un proceso que se cumple en un periodo de largo plazo y los cambios más drásticos parecen haberse llevado a cabo hace miles de años en las cordilleras y cuencas de la montaña. El examen de los restos de plantas en los sedimentos del lago, ya sea cerca de Ollantaytambo o de Machu Picchu, sugieren que el área se encontraba totalmente desforestada y degradada hace unos 1,000 a 4,000 años (Chepstow-Lusty y otros, 1998). Mucho tiempo después, sistemas agroforestales fueron introducidos por los Incas y el área llegó a lograr un equilibrio sostenible nuevamente, hasta que los sistemas de manejo de tierra fueron interrumpidos, además de los cambios introducidos a raíz de la conquista española al Perú. Hoy en día gran parte del área del Cusco está seriamente degradada. Con regularidad, las tierras altas son quemadas para detener la invasión de la foresta y proporcionar pasto para las ovejas y el ganado. La mayor parte de los incendios ocurren sin motivo aparente entre los meses de agosto y setiembre, quizás por la creencia de que el humo favorece la acumulación de neblina y el inicio de la necesaria lluvia. Actualmente, la línea de árboles está ubicada varios cientos de metros debajo de su posición natural, y el hábitat original forestal transitorio ha desaparecido casi totalmente y existe en muy pocos lugares, tales como en la aisladazona en el norte de Vilcabamba, a 70-100 kilómetros al noroeste de Machu Picchu. Tal vez quede sólo el 1% del bosque de Polylepis y se encuentre fragmentado en áreas aisladas, donde algunas de las aves más raras en el planeta aún sobreviven. Algunas de estas áreas existen en el Santuario Histórico de Machu Picchu y deben recibir protección prioritaria. Hasta hace sólo unos años atrás, los guías que atendían a grupos turísticos de excursión en el camino Inca usaban rutinariamente Polylepis y otros árboles y arbustos para cocinar alimentos y mantenerse calientes.


La biodiversidad y su conservación frecuentemente se encuentran en conflicto con las presiones surgidas a raíz de la pobreza imperante y las estrategias nacionales propuestas por entidades gubernamentales. Es esencial lograr el equilibrio entre el desarrollo de la tierra y la conservación, aunque es un objetivo difícil de alcanzar en países tales como el Perú, donde los problemas socio-económicos tienen prioridad sobre la conservación, y el financiamiento público para asuntos ambientales es limitado. La falta de información de los habitantes locales es también un factor.

 

Thyotthorus Eisenmani
/David Beadle

Se puede proteger la biodiversidad si se crea una red de reservas o se implementa un mejor uso de la tierra. En ambos casos la educación es un ingrediente esencial. Los pies de las colinas orientales y los taludes de los andes tropicales son las áreas más ricas en el mundo, por su diversidad de aves, y el área del Cusco y norte de Bolivia están entre las más ricas. Las especies de aves amenazadas se elevan en los Andes más a nivel local, con concentraciones en las áreas del Marañón y Tumbes en el norte del Perú, y también en la región de Cusco / Machu Picchu. Por tradición, las prioridades de conservación se clasifican por el número total de especies en un área dada, pero éste no es necesariamente el mejor método de reducir las tasas de extinción. Si tuviéramos que decidir proteger las 50 áreas más ricas en especies en Sudamérica, estas áreas comprenderían alrededor de 77% de todas las especies de aves, pero muchas especies existirían en todas las áreas, mientras que sólo 40% de las especies amenazadas se presentarían en alguna parte dentro de las 50 áreas. Los estudios que utiliza el software de computadora WORLDMAP desarrollado en el Museo de Historia Natural de Londres, han demostrado que se necesitaría un conjunto mínimo de 28 áreas de grado 15 para proteger todas las aves peruanas. Machu Picchu contiene seis especies de aves amenazadas que no son cubiertas en ninguna otra de las 28 áreas objetivo –Tijeral Cejiblanco Cinclodes aricomae, Churrete Real Leptasthenura xenothorax, Canastero de Junín Asthenes virgata, Cucarachero Inca Thryothorus eisenmanni, Matorralero de Cusco Atlapetes caniceps y Hemispingo de Parodi Hemispingus parodi. Aquellos que planearon unidades de conservación peruana no tuvieron acceso a todos estos datos y el enfoque se ha dado en áreas dispersamente pobladas y aisladas donde no existen conflictos de interés y, por lo tanto, se creó una tendencia a proteger especies ampliamente difundidas. En muchas áreas están sobreprotegidas, mientras que muchas de las especies más raras y más localizadas no están protegidas. Machu Picchu fue protegida debido a su importancia arqueológica, mientras que la vida de las aves no era un problema. Afortunadamente, por razones antes detalladas acerca de los patrones de asentamiento humano y los climas benignos del área, éste puede haber sido el motivo para la presencia de especies raras y endémicas en esta región.

A la fecha existen 423 especies de aves registradas dentro del Santuario Histórico de Machu Picchu, una muy alta diversidad aviaria. Muchas están decayendo debido a la perturbación o destrucción de sus hábitats por factores tales como la quema incontrolada de los bosques de monte. Algunas están amenazadas, son vulnerables o tienen poca distribución geográfica. Es afortunado que un área protegida, diseñada originalmente para proteger restos arqueológicos, protege también bosques montanos y bosques enanos, así como áreas fragmentadas de Polylepis y una maravillosa diversidad aviaria.

Bibliografia
Chepstow-Lusty, A.J., Bennett, K.D, Fjeldsa, J., Kendall, A., Galiano, W., and Tupayachi, H.A. When two worlds collide. Comparing Human Impact on Fragile Ecosystems Before and After the Incas. Tawantinsuyu vol. 3: 127-134.
Walker, Barry and Fjeldsa, Jon. Field Guide to the Birds of Machu Picchu – PROFONANPE 2001.


 
   

 

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